MARISOL PALACIOS: DISCURSO DE BIENVENIDA AL FAE LIMA 2018

"Eso es el teatro: una confesión y un confesor, ambos desnudos frente a la verdad de una historia tan desnuda como ellos", asevera la directora artística de uno de los festivales de teatro más importantes del país.

MARISOL PALACIOS: DISCURSO DE BIENVENIDA AL FAE LIMA 2018

Muy buenas noches,

Estimados rectores, directores y actores; queridos técnicos y público en general, queridos amigos del teatro:

Es para mí un gran privilegio estar hoy aquí con ustedes y darles la bienvenida a la segunda edición del Festival de Artes Escénicas de Lima 2018.

En esta fiesta celebraremos, principalmente, a la creación, que es y será siempre un acto de fe y de valentía pues hace falta una gran cantidad de ambas para poder, con muy pocos elementos, construir un universo donde confluyan todos los lenguajes: un espacio donde todas las artes se ponen al servicio de la historia.

En este escenario el creador se convierte en un creyente, en alguien movido por un solo objetivo: dar vida a aquello que quiere comunicar. Consecuentemente, del otro lado, el espectador se convierte en testigo de ese milagro.

Eso es el teatro: una confesión y un confesor, ambos desnudos frente a la verdad de una historia tan desnuda como ellos.

¿Y por qué es importante el teatro? ¿Por qué es importante esta confesión? Siempre que me hacen esta pregunta yo contesto que es por la misma razón por la que hay espejos en las casas: nos levantamos por las mañanas y una de las primeras cosas que hacemos es mirarnos en el espejo, tal vez con la urgencia de comprobar que aún seguimos aquí, que no nos hemos perdido. Parafraseando al gran Eugene O’Neill, para que en el “largo viaje de la noche hacia el día” comprobemos que nada se ha modificado y todo sigue igual. El espejo nos regresa a nuestra imagen y con ella al mundo que la construye. Estamos a salvo.

En la oscuridad de una sala de teatro se nos permite volver a ese encuentro con nuestra propia imagen. Nos reconocemos en gestos, miradas, en cuerpos que dan vida a nuestro reflejo y ponen al descubierto nuestra humanidad. Y, como si hubiéramos encontrado una guía, una brújula, volvemos a sentirnos parte, volvemos a sentirnos a salvo.

Nos podemos haber perdido, sí; pero al mirarnos en el otro nos reencontramos y en ese acto hay una redención, no hay culpa. El teatro se convierte así en un acto revelador, por tanto, revolucionario.

La segunda edición del FAE Lima es un juego de espejos muy complejos, un viaje al interior de un cuerpo fragmentado, nuestro país, del cual cada pieza es el reflejo de todo un universo.

El Perú es un país donde se dan encuentro la gracia y la miseria, el dolor y la exaltación. Vivimos en una permanente confrontación y es, en ese contexto, que el juego de espejos no solo es necesario: es imprescindible. Necesitamos confrontar, reencontrar, entender, creer, crecer.

El FAE Lima nos ofrece este encuentro, este juego de espejos: nuestra imagen repetida, reinventada. ¿Quién soy?, ¿quién eres?, ¿quiénes somos? Un diálogo sin fronteras donde todas las historias, todas las nacionalidades son expuestas para mirarnos y, ojalá, algún día dejar de separarnos.

Ese es mi interés. Y ese es el viaje que hoy el Ministerio de Cultura, el Centro Cultural de la Pontificia Universidad Católica, Británico Cultural, el Centro Cultural de la Universidad de Lima, el Centro Cultural de la Universidad del Pacífico y el Teatro La Plaza, con el apoyo del Instituto Cultural Peruano Norteamericano, el Centro Cultural Cine Olaya y del Reino Unido como país invitado –gracias al apoyo del British Council–, juntos nos miremos en este gran espejo que es el FAE Lima 2018.

Gracias infinitas a todas las personas que han hecho posible este viaje y a todos ustedes que siguen creyendo en el arte como herramienta de transformación.

Y ahora, ¡que comience la función!

Marisol Palacios
Directora artística del FAE Lima 2018

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Crédito de la foto: Rosana López Cubas

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