CÉSAR DE MARÍA, EL ETERNO ESTUDIANTE

Cuando César salió del colegio, a los 16 años, no sabía qué estudiar. Dejó lógica, literatura y la universidad para priorizar su carrera teatral. Hoy, a sus 56, se jacta de haber estudiado mimo con el maestro argentino Ángel Elizondo y con el no menos extraordinario, el peruano Juan Arcos. Hizo improvisación con Ketó, talleres de teatro de objetos y de escritura automática. Es un estudioso constante. Un obsesivo. Un terco inquebrantable. “Y espero que se note en lo que escribo.” ¿Alguien lo duda?

CÉSAR DE MARÍA, EL ETERNO ESTUDIANTE

Escribe Eliana Fry García-Pacheco (*)

 

Cuando te preguntan qué eres, ¿cómo te defines?

Cuando no me quiero complicar explicando qué es un dramaturgo, digo que soy escritor. Cuando hablo con gente que valora mi lado publicitario o quiera hacer, de alguna manera, negocio conmigo, digo comunicador.

Pero tú, solo frente al espejo ¿qué respondes?
¿Sabes qué soy yo frente al espejo? Soy un titiritero que sabe emocionar a la gente, como aprendí con Kusi Kusi. Eso soy. Y esa capacidad de emocionar me ha servido en todas las áreas en las que he escrito, para hacer comerciales, películas u obras de teatro.

Este año el festival “Sala de parto” homenajea al dramaturgo César De María, al teatrista que escribe cuentos en cuadernos desde los siete años, al publicista que trabaja ocho horas diarias en una oficina, al periodista del diario “El observador” que tuvo que dejar de escribir sobre teatro para escribir sobre política, al hombre que calculó todas sus travesías para arribar siempre al mismo punto: el escenario.

Para Alejandro Clavier, director de este festival, “no se puede hablar de la dramaturgia peruana contemporánea sin hablar de César De María. No solo porque nos ha dado obras como “Kamikaze! o La historia del cobarde japonés” o “Escorpiones mirando al cielo” sino porque tiene un interés constante por crear una narrativa tan interesante como intensa, por mostrar un Perú que aparentemente no conocemos, que está al margen. Para nosotros es un honor poder formar parte de su siguiente trabajo, “El viaje de la santa”. También el haberlo tenido cerca desde el inicio de “Sala de parto”, asesorando a los jóvenes dramaturgos y a nosotros como organización, siempre atento a que mejoremos la propuesta del festival.”

SARA, LA QUE LO PUSO DE ESTE LADO DEL CAMINO

sara

Sara Joffré. Retrato tomado por César en el 2009.

Como contábamos, César pensó que ese verano que acaece a la borrachera de viaje de promoción tendría que ocuparlo en alguna actividad que lo preparara para la vida universitaria. “Un día pasé por un teatro y decidí entrar. Era del grupo Homero Teatro de Grillos, en Bellavista, que dirigía Sara Joffré. Ella me recibió y de inmediato me puso en la boletería a trabajar los domingos. Y así me quedé en el grupo. Le llevé mis cuentos pero me dijo: “no flaco, gracias; tráeme obras de teatro”. Con ese primer rechazo me incitó a escribir teatro”, recuerda él. Era 1978 y tras entregarle sus dos primeros trabajo dramatúrgicos, Sara, sin consultarle, los mandó al Concurso Nacional de Obras de Corto Reparto convocado por el TUSM (Teatro de la Universidad de San Marcos) y el CELCIT Perú (Centro Latinoamericano de Creación e Investigación Teatral). Y sí, adivinaron, César ganó.

“Gracias a ese empujón –continúa evocando-, a esa decisión empecinada de Sara, me hice autor. Creo que cuando de joven te sientes capaz de algo, y ese algo es tan potente, genera cosas, y si encima es admirado, pues te cambia la vida.” Esas obras iniciales son las que lo definen como autor. Sin embargo, acepta que sobre ellas ha puesto cierta distancia, que no las conserva aunque marcaron en él el orgullo de saberse dramaturgo.

MUTACIÓN NARRATIVA
Es cierto que para ese entonces, De María tenía cierta práctica en la narrativa pero ¿es tan sencillo decidirse a escribir teatro y hacerlo? Si algo tenía a su favor, fue que su familia lo llevó al teatro desde muy pequeño. También que gracias a Sara pudo ver todo lo que se presentó en una de las “Muestra de teatro peruano”. Suma en su preparación que nunca rechazó trabajo escénico alguno. “En los Grillos fui luminotécnico de una retrospectiva que hizo Cuatrotablas. Me sentía honradísimo de hacer ese trabajo. Aprendía de eso, de verlos ensayar a ellos y a otros grupos. También de irme a leer en la Biblioteca Nacional todo el teatro de autor peruano que encontré [recordemos que en ese entonces el fenecido Instituto Nacional de Cultura publicaba teatro], que era una producción que podía leerse en tres meses. A partir de ahí detecté intuitivamente ciertas cosas y me lancé a escribir teatro. No sabía nada pero con mi espíritu obsesivo, me mandé.”

APRENDIENDO DE LOS NIÑOS
Tras su estancia en Homero Teatro de Grillos pasó a trabajar con Kusi Kusi, el grupo de titiriteros fundado en 1963 por Victoria Morales y Gastón Aramayo. Lo curioso es que ambos grupos se caracterizaron por trabajar, básicamente, teatro para niños. Recuerda César que nunca hizo diferencia alguna, ni de calidad ni de búsqueda estética o ideológica entre el teatro para adultos o niños. Explica que lo que aprendió fue a ser sintético y directo. “Te enseña a trabajar para la imagen, a no decir cosas sino a generar acciones con, esas que vistas tocan el corazón, generan profundidad”, añade.

Gracias a Kusi Kusi, a los 19 años, viajó a Brasil a su primer festival internacional. “Para mí fue iluminador poder conocer teatro de todo el mundo, con unas formas ‘titiritezcas’ que hasta ahora no veo acá. Esto me hizo aspirar a más en lo estético, en la construcción teatral, en las estructuras, en lo que el teatro de espectáculo tiene, que es saber atraer a la gente con pocas palabras pero con muchas afirmaciones escénicas como el movimiento, la acción, el símbolo, el balance, la proporción, los degradés, la sorpresa, las revelaciones. Todo eso que se ve en un montaje te sirve luego para. Por eso es que un joven tiene que educarse viendo teatro. Si no te gastas solo en pensar en qué escribir. Mucha gente cree que se trata solo de hacer diálogos o finales emocionantes en los que se llora. Y es mucho más que eso. Para mí el teatro es todo lo que pasa en esos momentos que están entre el comienzo, que me debe atrapar, y el final, que me libera aunque no quiera irme.”

EL DOBLEZ
Sin duda, un hito en la bibliografía de César es la obra “A ver, un aplauso”, escrita a pedido del grupo Telba. “Con esta abro los ojos, me doy cuenta de lo que puedo hacer, de lo que es capaz de hacer un grupo de alto nivel con un texto. Y ese resultado hace que empieces a pensar, por rebote, textos de alto nivel. Pensar que si en escena pasa esto, mi texto no puede estar más debajo de eso que están creando”, reflexiona.

Pero él, ay, siguió probando. Probó con la actuación y con la dirección. Con este último intento asegura estar satisfecho con lo conseguido; sin embargo, con la actuación fue otra la experiencia. “La intensidad de la actuación, el desgaste interior me mataba. Con lo escrito uno tiene una relación permanente, de transformación continua, de abandono e irresponsabilidad para luego retornar. Eres libre. Eres como un actor que bota al público cuando quiere y lo hace regresar cuando le da la gana”. Sin embargo, afirma que los autores que sepan dirigir tendrán ventaja sobre el resto pues aquel que entienda todo el mecanismo teatral dependerá menos de los otros.

Es difícil resumir su trayectoria pero entusiasma saberlo incómodo y buscón, rehacedor de sus propias formas, pensador constante de su práctica. Un artesano que no duda compartir sus hallazgos. ¿Un consejo? “Producir continuamente para llamar la atención y ser montado. Este trabajo se lo queda el que más trabaja y no los mejores. Si tú eres genial pero haces una obra y otro es chamba pero escribe veinte, es más probable que el chamba consiga más montajes y se lleve más créditos. Y esto para bien o para mal.” Ponte a escribir.

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(*) Escrito originalmente para el Festival Sala de Parto 2016.